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domingo, 19 de abril de 2020

EL SISTEMA BUROCRÁTICO durante el régimen del partido único en México (PRI).

La Burocracia en México

regimen-burocratico

Partido Revolucionario Institucional

Resulta emocionante redescubrir un gran paradigma que suele tener múltiples interpretaciones y distintos puntos de vista, en un esquema minuciosamente configurado por cientos de caracteres que lo han integrado en su transformación contemporánea e histórica en relación al funcionamiento de la Administración Pública y el Sistema Político. Para ello es importante que se entiendan las características, de la burocracia en nuestras instituciones, que si bien son distintivas desde la visión de cada sistema político, en su estudio es posible construir una forma de aproximación a su estructura y organización.

Esta idea integral sobre el estudio de la Administración Pública, se vislumbra desde sus dimensiones operativas, las cuales pueden ser entendidas a raíz del desarrollo de nuestra sociedad. En ese sentido, la Administración Pública no es un espacio, ni un objeto, porque si bien se encuentra conformado por individuos, organizaciones e instituciones, este puede ponderarse por sus acciones desde los marcos operativos y normativos que lo regulan, haciéndose un fenómeno social complejo cuyas raíces se dimensionan a la par del Estado.

Este instrumento del ejercicio del poder político tiene en su estructura el sujeto de una doble significación (desde el gobierno y desde la sociedad). Algo que nos demanda a distinguir su funcionamiento, como organización y dentro de sus formas de relación con la sociedad (desde gobierno, sociedad e instituciones). El funcionamiento de la Administración Pública en los Gobiernos se relaciona con sus capacidades de respuesta frente a múltiples demandas de distintas organizaciones formales e informales.

Esto resulta ser un elemento ajeno a su determinación y forma parte de las transformaciones del entorno político, y de organización social. Así, el estudio de la Administración Pública requiere de un doble esfuerzo para conocer los rudimentos de su dinámica operacional, lo cual se configura en el sustento del marco institucional, que pondera su funcionamiento a la construcción burocrática dentro del cimiento institucional.

Análisis de los conceptos

En primer lugar la Administración Pública puede o debe observarse como “la que tiene la gestión de los asuntos comunes respecto a las persona, de los bienes y de las acciones del ciudadano como miembro del Estado, y de su persona sus bienes y sus acciones como incumbiendo al orden publico.”[1] Desde esta  perspectiva se busca trascender su sentido empírico y funcional para tratar de entender los alcances de su acción, de las interpretaciones de sus resultados, de las consideraciones sobre su impacto, de la búsqueda por transformarse y de la dirección de su organización. Por lo que requiere de habilidades y de capacidades de análisis que busquen distinguir a quien sólo ejerce la burocracia, de quien busca comprender su funcionamiento desde su estudio.

El rol de la Administración Pública en el ejercicio del Gobierno y el papel que responde desde la perspectiva del poder político en el Estado, es algo sumamente importante observándolo como un fenómeno que en sus raíces se encuentran a la par de las instituciones y organizaciones políticas de la sociedad, que también lo conducen a formas de organización que lo limitan, dimensionan y transforman, ideándose así, una prospectiva que se orienta a una construcción, donde actores como el Estado, las instituciones y la sociedad civil se ven asociadas en un marco constructivo, de la cual, surge el diseño institucional, que determinan o influyen directamente en la dinámica gubernativa.

La Burocracia como modelo de dominación y forma de organización en el partido único.

En un primer momento hay que puntualizar que la creación del PNR constituyo un hito importante para la concretización de la vida política en México ya que la principal función del Partido Nacional Revolucionario consistiría en organizar y llevar a cabo las elecciones, tarea que antes estaba encomendada a la Secretaría de Gobernación; y es precisamente por esta encomienda que la creación de este partido político lo caracteriza como una institución de las más jóvenes después de la etapa revolucionaria, está institución fue el principal patrimonio de esta sociedad posrevolucionaria. De este modo la institución se convirtió en el principal determinante del tipo de organizaciones e interacciones permitidas a la libertad del individuo en la sociedad.

En éste caso las organizaciones quedaron conceptualmente distantes de las instituciones, de tal forma que las organizaciones representaban el aspecto específico de un fenómeno más general, como lo fue el caso de esta institución. En concreto esta institución fue creada como “una limitación ideada por el hombre que dio forma a la interacción humana y estructuro incentivos en el intercambio, político, social o económico”[2], y “además esta institución definió y limito el conjunto de elecciones de los individuos[3].  Aunado a esto los costos de funcionamiento de la institución incluyeron no sólo al marco institucional sino también a las organizaciones que surgieron como consecuencia de él, dejando a “las instituciones como las reglas del juego, y las organizaciones como los equipos”.[4]

Ahora bien retomando el surgimiento del PNR en un principio su creación se vio orientada a reducir la incertidumbre durante las elecciones presidenciales “evitando” de cierta forma un fraude electoral la cual no dejo de modificarse teniendo una constante evolución, (PRM, PRI) alterando el marco de referencia para las elecciones; basándonos en esto último es preciso puntualizar que esta evolución se debe precisamente a una interacción entre instituciones y organizaciones, en donde las organizaciones, surgieron en función de los incentivos que generaban las instituciones, así las organizaciones actuaron para modificar las instituciones en función de sus intereses (con el surgimiento de grupos especifico de obreros, campesinos y clases medias además de partidos políticos de oposición y la misma burocracia). 

Bajo esta estructuración las visiones ideológicas favorecieron el cambio institucional de tal forma que el cambio institucional se fundamento en la influencia de la ideología de los políticos y es bajo esta misma línea en la cual la Burocracia tomo un rol importante en el juego estratégico del sistema político mexicano, ya que la burocracia se presento como un punto firme y contundente en la elaboración y construcción de las dimensiones de la Administración Pública; de esta manera la burocracia involucrada en un Estado está también instaurada en instituciones, organizaciones y poderes políticos, lo que a la par termina ejerciendo un marco institucional, que contiene un poder infraestructural lo que lo lleva a una organización burocratizada que se desempeña en una organización mediante formas de dominación en un dilema dual de gobernantes y gobernados.

Así la Burocracia actúo como una forma de organización la cual era referente central para entender la estructura y operación de los sistemas administrativos. Lo que nos lleva, a observar dimensiones más específicas sobre la burocracia, las organizaciones y su ejercicio en el gobierno. De tal forma que la contemplación de la idea de organización burocrática dentro del PNR está enfocada desde una perspectiva funcional y de sistemas que le permitieron reconocer directrices básicas de su funcionamiento como las implicaciones administrativas de la toma de decisiones y los límites intrínsecos de su accionar. Estas condiciones mostraron un acercamiento a la dimensión de los problemas y de las distintas formas de respuesta.

Así este contacto entre el Estado y la sociedad trajo consigo consecuencias importantes para el gobierno burocrático del PNR, entre las que destacan la aplicación de las leyes por medio de la Administración Pública, que da un significado directo para los ciudadanos, e impacta en los niveles de interacción cara a cara entre la figura del gobierno y los ciudadanos, de esta forma la burocracia tomo importancia sobre todo en la creación de una imagen de gobierno en la mente popular, lo que permitió que “los ciudadanos reportaran que la mayoría de sus interacciones con el gobierno fueran positivas.”[5]

De esta manera la Administración y el Estado convergen dentro de un instrumento de dominación que es exclusiva de a las clases dominantes, la cual se dividen según Max Weber en tres tipos que son la carismática (despersonalizado), la tradicional (descentralizado) y la legal (conocimiento profesional), con “la posibilidad de imponer la voluntad dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera sea el fundamento de esa probabilidad[6], tendiendo así la relación entre el gobernante (quien cree tener derecho) (PRN) y el gobernador (quien cree tener obligación) (ciudadanos).

Siguiendo la misma línea de argumentación durante la etapa del PNR y sus siguientes transformaciones PRM y parte del PRI las conceptualizaciones de la burocracia de Weber se concretaron mediante un alto grado de especialización, una estructura jerárquica de autoridad, con áreas de competencia y responsabilidad bien delimitadas, y un reclutamiento del personal basado en el conocimiento técnico y alianzas de amistad; por lo que se fundamento dentro del ejercicio del control y la razón.

De este modo “no solo la Administración Pública se burocratizo, sino que gradualmente también lo hicieron todas las instituciones sociales que se iban creando”.[7] Esta transición dio paso a que las instituciones fueran cada vez más reguladas por reglas racionales e impersonales dirigidas solo a conseguir una máxima de eficiencia. Por lo que la jerarquía se convirtió en una escala de medición de la burocratización en las organizaciones desde el nacimiento del PNR hasta el cambio institucional con el PRI.

Agotamiento del modelo burocrático en el partido único

El modelo burocrático como modelo impositivo y autoritario tuvo una aceptación “obligada” dentro del contexto mexicano ya que, el solo hecho de la contextualización posrevolucionaria no dejaba un amplio margen de opciones pero fue por esta misma razón que desde su inicio también se veía implícito un debilitamiento a futuro y eso fue lo que sucedió; partiendo de que la Administración Pública es una explicación del interés colectivo y su legitimidad depende de cierto grado de su capacidad para desempeñar un papel en la consecución de los intereses. De este modo, el papel de la Administración Pública estaba bajo un constante ataque lo que creó desconfían de la participación de los burócratas durante el gobierno priista tendiendo que encontrar nuevas válvulas de escape.

La burocracia se empiezo a derivar y a regir  por leyes sobre la Administración Pública y su forma de organización teniendo en concepción al sistema político y al sistema administrativo, en donde la burocracia apareció como el seguimiento para solucionar demandas de la sociedad aunado a esto conceptos como la legalidad, la racionalidad, la autoridad, la especialización, la eficiencia y eficacia empezaron a tener un sentido retorico que recayó en una nueva conceptualización de la burocracia.

De este modo, una organización sumamente compleja  (burocratizada) empezaba a producir fricciones y, como consecuencia, también un cierto grado de ineficiencia, ya que por un lado, “la burocracia empezaba a verse como un Leviatán, una organización monolítica sin restricciones de los controles políticos y balances, y que poseen un apetito insaciable por el poder, también se empezó a ver como un bufón de la corte, una floja colección de los organismos que carecía de ideas, de coordinación y de sentido común.”[8]

Así, la debilidad de lo político en las instituciones del gobierno y en los gobiernos democráticos encabezo una la pendiente resbaladiza de sobrecarga y de crisis en el sistema político. De esa forma, los problemas del Gobierno fueron indicativos de un rechazo más general aunado a una gran organización en la sociedad. De tal magnitud que la burocracia se empezó a ver como la falta de dirección dentro de la política, ya que se impedía la aplicación de políticas por lo que el gobierno se paralizaba y era ineficaz.

Otro punto que empezó a tomar efervescencia fue la falta de liderazgo que supuestamente se asedia tradicional en instituciones de gobierno, en donde los líderes tenían la gestión de los gobiernos, pero con la carga burocrática no era posible proporcionar la orientación necesaria. Esté era un aspecto muy importante ya que “la calidad del gobierno depende de la calidad de las instituciones y del diseño constitucional, pero también de la calidad del liderazgo, de lo acertado de las creencias de la población acerca de la naturaleza del mundo en el que viven y de la existencia de preferencias por una sociedad que sea justa para la minoría como lo es para la mayoría”.[9]

Otras deficiencias se empezaron a encontrar en la elaboración del presupuesto y en la elaboración de la agenda gubernamental, que se reflejaban en la insuficiente información para controlar la orientación e impacto en la política de gasto y de las políticas públicas; y la concentración de la negociación presupuestaria en la adquisición de insumos por la falta de relación entre el contenido programático y el ejercicio del gasto y el ejercicio político, lo cual no permitía identificar resultados de programas y la evaluación del cumplimiento de las normas y de asuntos competentes para la agenda gubernamental. (No había una administración conjunta), (“No había gestión por redes”).

De esta manera solo se acarreaba confusión y del mismo modo todas las reglas, dirigidas a impedir cualquier acción arbitraria, que imponían un control y disciplina eran rigurosas. Por lo que el incremento de la burocracia, durante décadas dentro de nuestro sistema político fue un reflejo de disminución de la libertad individual. Así como un reflejo de ineficiencia.

Hacia nuevas alternativas; modelos post-burocráticos 

En las más recientes décadas partir de la implementación del neoliberalismo el sistema político mexicano aun comandado por el PRI experimento grandes cambios que lo incitaron a cambiar el diseño institucional hacia un nuevo orden y consigo se modifico en cierta medida el fortalecimiento de la legitimidad de las instituciones del sector público dando cabida a distintos cambios en la Administración Pública. Mediante reformas del sector público, se empezaron a adoptar papeles en donde el administrador público pasaba a ser gerente, alterando consigo los incentivos de carrera de los altos directivos públicos dando un nuevo giro en la naturaleza de sus cambios.

Así la Administración Pública comenzó a comunicar las decisiones políticas a la sociedad, para que los ciudadanos tuvieran una entrada más directa en la nueva burocracia pública. Dentro del campo de la gestión política, podemos visualizar reformas a la Administración Pública las cuales se iniciaron bajo el discurso de generar un gobierno cada vez más eficiente, efectivo y de calidad orientado hacia el ciudadano-cliente entrando en una fase de intensa recomposición. Bajo un marco metodológico y un diagnóstico claro de un proceso, que se adecuara a la capacidad del Estado y de los gobiernos para un posible mantenimiento mínimo de gobernabilidad, que se generara bajo una propuesta de reforma, por un gobierno modesto pero capaz de enfrentar y dirigir con éxito a los problemas públicos.

En pocas palabras se seguían dinámicas de gobernanza la cual se sustenta en la teoría de que “mayor participación ciudadana traerá consigo mayor calidad en la tarea de gobernar”.[10] Esta reconfiguración también orientaba a generar gobiernos que sustentaran su actuación en términos de resultados y de impactos reales observados, con la finalidad de transformar mecanismos de acción.

Esta convicción estaba dirigida a que los gobiernos actuaran por la obtención de resultados y no sólo en el control de recursos y gastos. Así la transformación del proceso presupuestal, se oriento al control de los gastos y a la búsqueda sistemática de resultados específicos, por lo que bajo el paradigma de los incentivos y lógicas hacían de los agentes públicos, gerentes. Otro punto sólido es la definición conceptual, sobre la base legal e institucional, en donde muchas de las limitaciones que se observaban en el sistema burocrático se ven reducidas. De esta forma se dirige a un presupuesto de resultados, con reglas de interacción claras que generaban mecanismos con los cuales las agencias gubernamentales iban adquiriendo autonomía de gestión sin perder congruencia y control sobre el aparato gubernamental.

Por lo que esta autonomía incremento la posibilidad a que los problemas sociales actuaran de manera informada y comprometida en su solución, de esta forma podemos decir que esta transformación implica cambios en el sistema de administración, el empleo de la planeación estratégica, y la implantación en todas las dependencias y entidades de la Administración Pública de una Nueva Estructura y de un Sistema de Evaluación a través de indicadores.

La mejora en la eficiencia, en los mecanismos de medición y evaluación del desempeño del sector público, transformaron a la Administración Pública en una organización eficaz, eficiente y con una arraigada cultura de servicio integrando un mecanismo guiado por redes. En términos generales la modernización administrativa comprende dos grandes apartados: el primero incluye una reforma legal y normativa y el segundo comprende una reingeniería organizacional para elevar la calidad de los bienes y servicios.

De esta manera, se crear un sistema de planeación y programación del presupuesto de políticas, haciéndose más ágil, transparente, flexible, asertivo y útil, permitiendo al sector público elevar el valor, así como transformar el sistema presupuestario para que se convierta en una herramienta orientada a los resultados.

De esta forma los objetivos de la gestión pública son fortalecer un cambio en la gestión gubernamental encaminado a la obtención de resultados y a la satisfacción de los usuarios, así como analizar el desempeño de las dependencias y entidades, sobre el cumplimiento de sus objetivos. De esta forma, se otorga elementos de apoyo, para promover la credibilidad del Gobierno, mejorar la asignación de recursos, incorporar nuevas herramientas tecnológicas e identificar programas que requieran estudios para justificar su existencia. (Eliminación del monstruo burocrático) Así, este sistema supone una integración de distintos componentes, como auditorías al sistema, encuestas a la población, incorporación de tecnologías de información, convenios de desempeño y construcción de indicadores.

Agregado a esto los valores buscan inducir en el comportamiento de los actores gubernamentales los paramentos de la eficiencia, calidad, innovación, cuidado de los costos y resultados; también se generan mecanismos legales o institucionales para que los valores se conviertan en comportamientos normales; y generar parámetros de las “reglas del juego” para evitar la falta de congruencia o de control mínimo sobre los recursos públicos. De alguna manera es fundamental ver la complejidad de la función en autonomía y de las organizaciones gubernamentales con el fin de que puedan comprometerse a obtener resultados.

De esta manera, el marco legal, el marco normativo y el marco institucional buscan que los espacios organizativos permitan dos cosas: dirigir a resultados a las agencias gubernamentales y otorgarles nuevos marcos de relación con las agencias controladoras (redes organizativas). A partir de un proceso que busque que los organismos gubernamentales vayan tomando un papel más autónomo, conforme los resultados. Así las reformas a las organizaciones gubernamentales son muy claras en el incremento de la eficiencia que viene ligado a un incremento en la flexibilidad, en el manejo de la organización, abriendo para los funcionarios públicos mayores márgenes de acción e incentivos a la innovación, encontrando mejores caminos para resolver los problemas públicos o de satisfacer las demandas de la sociedad.

Conclusión

Las reformas presupuestales dirigidas a resultados requieren de transformar el marco institucional y político en el que se mueven, para construir estrategias de choque que buscan romper las inercias burocráticas. Debido a esto la reforma es un proceso de constante negociación, no sólo de instrumentos, sino también de valores, de la misma manera no hay entonces una seguridad de que por sí mismos los instrumentos y los valores de la reforma se mantengan incuestionados. Así que la contradicción entre organismos gubernamentales autónomos y la congruencia valorativa o la rendición de cuentas es una de las principales paradojas de las reformas.

Tanto la gestión pública como la gobernanza son los dos elementos que nos permiten tocar temas de gran relevancia para el campo de estudio de la Administración Pública, permitiéndonos reflexionar sobre la construcción de lo público organizacional, que a su vez nos conduce a pensar en la ética pública y los valores de la acción política del gobierno, sobre el institucionalismo y así como lo político y lo práctico de la gestión pública como articulador de reformas administrativas; hilado de su importancia pendiente con la democracia como eje toral de la administración frente a la problemática de la burocratización para finalmente señalarnos los acuerdos internacionales sobre la gobernanza que las sociedades contemporáneas buscamos para dirigirnos hacia una forma de gobernarnos en la que sólo se conciba esta acción desde la consideración de la política como acción conjunta de los individuos en sociedad.


Bibliografía

[1] C. J., Bonnin citado por: Guerrero, Omar, “La administración pública a través de las ciencias sociales”, México, Fondo de Cultura Económica, 2010, p. 297.
[2] North, Douglass C., “Instituciones, cambio institucional y desempeño económico”, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, p. 13
[3] North, Douglass C., Op. Cit., nota 2, p. 14
[4] Ibidem, p. 15
[5] Mouzlis, Nicos. “Organización y burocracia: Un análisis de las teorías Modernas sobre organizaciones sociales”. Barcelona: Península, 1991, p. 37
[6] Weber, Max. “Economía y sociedad”.  Fondo de cultura económica, México, 2005, p. 43
[7] Muños Patraca, Víctor Manuel, “acenso y caída del partido hegemónico: partido revolucionario institucional 1946-2000”, siglo XXI, México, 2006, p. 46
[8] Mouzlis, Nicos., Op. Cit., nota 5, p. 50
[9] Levi, Margaret, “Por qué necesitamos una nueva teoría del gobierno”, Revista Española de Ciencia Política, núm. 14, México, 2006, p. 12
[10] Peters, B. Guy, “Gobernanza y burocracia pública: ¿nuevas formas de democracia o nuevas formas de control?”, Foro Internacional, 182, vol. XLV, núm. 4. 2005, p. 586


lunes, 23 de marzo de 2020

¿QUÉ ES GESTIÓN PÚBLICA? Premisas y dilemas en el proceso de gobierno.

Gestión Pública

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Características de la Gestión Pública 

La gestión pública tiene su origen en los procesos de reformas de la Administración Pública que iniciaron bajo el discurso de generar un gobierno cada vez más eficiente y efectivo para las demandas de una sociedad cambiante, por la cual, se entró en una fase de intensa recomposición organizacional e ideológica.D

Después de los procesos de privatización, que se llevaron a cabo sin un marco metodológico y de diagnóstico claro sobre los efectos negativos que este proceso podría generar si no se efectuaba correctamente, dio como resultado que la capacidad del Estado y la gobernabilidad de los Gobiernos, tuvieran que actuar reformulándose, por un gobierno modesto pero capaz de enfrentar y dirigir con éxito a los problemas públicos.

El marco general en el que se guían estas reformas, adquirieron una gran homogeneidad en todo el mundo. La reforma gerencialista se guía por la dinámica de transformación y de consolidación de las capacidades gubernamentales. Así que esta reforma gerencialista se denominó como Nueva Gerencia Pública o “New Public Management”. Como parte de la Nueva Gerencia Pública, las propuestas de reconfiguración del sector público se orientaron a generar gobiernos que sustentaran su trabajo en términos de resultados obtenidos y de impactos reales observados, todo con el apoyo de diversos organismos internacionales.

Sin embargo, hay países que no se han quedado solamente en reformas administrativas y organizacionales a un corto plazo, sino que han impulsado, la reforma de una serie de proyectos con la finalidad de transformar mecanismos de acción de cualquier gobierno, como la presupuestación. En donde los procesos de presupuestación van apareciendo como un elemento indispensable de las reformas administrativas cuando se quiere dirigir a los gobiernos a actuar con base en la obtención de resultados y no sólo en el control de recursos y gastos.

Por consiguiente, diversos gobiernos han considerado como pieza sustantiva de la reforma integral de la Administración Pública, la transformación del proceso presupuestal, orientado al control de los gastos y a la búsqueda sistemática de resultados específicos. Estos principios defienden la propuesta, de la reforma al proceso presupuestal, lo que incluye a su vez los incentivos y lógicas del comportamiento de los agentes públicos que también se deben transformar; este es el presupuesto y su proceso, que es como una guía que los funcionarios públicos, tienen para relacionarse entre sí y con los ciudadanos, lo que la convierte en una dinámica de construcción del presupuesto que se definen bajo las reglas mínimas de control y desempeño de las agencias gubernamentales.

Para transitar a un presupuesto que controla el gasto y vigilar su aplicación en espacios rígidos de definición programática a un presupuesto dirigido a resultados medibles y observables por la ciudadanía, parecen ser factores clave del éxito de una reforma del sector público. Además, de aquí se desprende otro concepto importante respecto a las reformas con el tema de rendición de cuentas. Sin embargo, la reforma tiene como base una sólida definición conceptual, legal e institucional, y muchas de estas limitaciones se ven reducidas. 

De esta forma, se piensa en presupuesto dirigido a resultados, con reglas de interacción claras entre los que controlan el gasto, y no sólo asegura que exista una línea clara de secuenciación entre gastos y resultados, sino que además permite definir los mecanismos con los cuales las agencias gubernamentales van adquiriendo autonomía de gestión sin perder congruencia y control sobre el aparato gubernamental en general.

Pero las reformas y los presupuestos orientados a resultados llevan a una consecuencia que se refleja en el incremento de la acción en la autonomía operativa de los agentes y las organizaciones gubernamentales. Esta autonomía incrementa la posibilidad a que los problemas sociales, actúen de manera informada y comprometida en su solución. Pero sin un control se desbocaría el desorden y la incongruencia en la Administración Pública que sería una consecuencia en las reformas.

La reforma institucional, y las reformas al marco legal y el papel que juega el servicio civil de carrera en la instrumentación de la reforma son un punto primordial, que identifican algunos puntos de incertidumbre que presentan las diferentes reformas. Toda transformación implica cambios en el sistema de administración financiera, el empleo de la planeación estratégica, y la implantación en todas las dependencias y entidades de la Administración Pública de una Nueva Estructura y de un Sistema de Evaluación a través de indicadores.

Otro punto fundamental es la mejora en la eficiencia en los mecanismos de medición y evaluación del desempeño del sector público, por lo que se pretende transformar a la Administración Pública en una organización eficaz, eficiente y con una profunda cultura de servicio. En términos generales la modernización administrativa se puede comprender en dos grandes apartados: el primero incluye una reforma legal y normativa y el segundo comprende una reingeniería organizacional para elevar la calidad de los bienes y servicios.

Una de las vertientes de esta modernización administrativa es la modificación de los mecanismos para formular y ejercer el gasto, para evitar la fragmentación del sistema presupuestario desde la planeación hasta la evaluación. Las deficiencias administrativas se encontraban en la elaboración del presupuesto, se reflejaban en la insuficiente información para controlar la orientación e impacto en la política de gasto, la concentración de la negociación presupuestaria en la adquisición de insumos y la falta de relación entre el contenido programático y el ejercicio del gasto, lo cual no permite identificar resultados en los programas, evaluando solo el cumplimiento de las normas más que en la obtención de resultados.

Por ello es necesaria, la consolidación de la implantación de una nueva estructura programática y la promoción de la evaluación del desempeño como procedimiento para dar continuidad y cumplimiento a los objetivos de las dependencias y entidades. Esto implica un cambio cultural en las etapas del proceso presupuestario y de esta forma la nueva estructura se convierte en un conjunto de categorías y elementos programáticos que buscan dar orden y dirección al gasto público en su clasificación funcional.

La acción gubernamental a su vez clasifica el gasto en funciones, subfunciones, programas sectoriales, programas especiales, actividades institucionales y proyectos. Así se pretende proporcionar la información para medir los resultados logrados con los recursos públicos. creando un sistema de planeación, programación y presupuestación ágil, transparente y útil, que permita al sector público federal elevar el valor agregado de los recursos fiscales, así como transformar el sistema presupuestario para que se convierta en una herramienta orientada a los resultados.

Los objetivos de la gestión pública son fortalecer un cambio en la gestión gubernamental, encaminado a la obtención de resultados y a la satisfacción de los usuarios en lugar del desarrollo de actividades, así como analizar el desempeño de las dependencias y entidades, sobre el cumplimiento de sus objetivos. De esta forma se otorga elementos de apoyo, para promover la credibilidad del gobierno, mejorar la asignación de recursos, incorporar nuevas herramientas tecnológicas e identificar programas que requieran estudios para justificar su existencia.

Este sistema supone una integración de distintos componentes, como auditorías al sistema, encuestas a la población, incorporación de tecnologías de información, convenios de desempeño y la construcción de indicadores, además de un presupuesto orientado a resultados medibles y compromisos tangibles, se busca una compleja transición en la burocracia gubernamental.

La definición de indicadores de desempeño no sólo es una actividad académica compleja, sino que es políticamente delicada sobre todo por el marco legal y normativo ya que, no sólo se define que el presupuesto será desarrollado a través de una lógica formal de medición de resultados y de desempeño, sino que, existen leyes o marcos normativos que inducen ciertos comportamientos, con miras a obtener mayor eficiencia a través de un proceso de autonomización de las organizaciones públicas.

Con ello, se busca inducir valores en el comportamiento de los actores gubernamentales dentro de los paramentos de la eficiencia, innovación, cuidado de los costos y resultados; su vez, también se generan mecanismos legales o institucionales para que los valores se conviertan en comportamientos normales para la burocracia; y al mismo tiempo generan el marco general de las reglas del juego para evitar falta de congruencia o de control mínimo sobre los recursos públicos. Con todo esto se le otorga mayor autonomía a las organizaciones gubernamentales con el fin de que verdaderamente puedan comprometerse a obtener resultados.

El marco legal y normativo debe ser implementado e institucionalizado. Generando nuevos comportamientos, buscando siempre que los espacios organizativos permitan dos cosas: dirigir a resultados a las agencias gubernamentales y otorgarles nuevos marcos de relación con las agencias controladoras. A partir de un proceso en donde los organismos gubernamentales vayan tomando un papel más autónomo, conforme los resultados. Por ello, el papel ideal de las agencias controladoras tiende a ser el de reproducir reglas generales, simples, transparentes y precisas, adaptables a las circunstancias un marco aceptable en la gestión de cada organismo gubernamental.

Las reformas a las organizaciones gubernamentales son muy claras, en que el incremento en la eficiencia viene ligado a un incremento en la flexibilidad en el manejo de la organización, por su contexto, por sus funcionarios públicos con mayores márgenes de acción y con incentivos a la innovación, encontrarán cada vez mejores caminos de resolver los problemas públicos o de satisfacer las demandas de la sociedad. Por ello se pone gran énfasis en los resultados y el desempeño de las organizaciones gubernamentales y sus metas y objetivos, lo que permite que la gestión particular, sea más libre.

Las reformas presupuestales dirigidas a resultados buscan generar espacios para la eficiencia del sector público a través de la autonomización de los organismos gubernamentales. Esto se debe a que las organizaciones deben enfrentan su contexto con incentivos adecuados, y generarán mejores acciones para resolver los problemas. Las reformas presupuestales dirigidas a resultados requieren de transformar el marco institucional y político en el que se mueven, pues son estrategias de choque que buscan romper inercias burocráticas.

Sin la generación de nuevas reglas y nuevos comportamientos, este tipo de reformas son impensables. La búsqueda del equilibrio entre el uso de los instrumentos propios y la generación de espacios flexibles para la negociación, el diálogo y la capacitación son una constante práctica indispensables para estas reformas tan radicales.

La reforma es un proceso de constante negociación, no sólo de instrumentos, sino también de valores. no hay una seguridad de que por sí mismos los instrumentos y los valores de la reforma se mantengan incuestionados. Así que la contradicción entre organismos gubernamentales autónomos y la congruencia valorativa o la rendición de cuentas es una de las principales paradojas de las reformas. 

Por un lado, se requiere de flexibilidad, de manejo innovador y atención particular a los contextos específicos de cada organismo como requisito para asegurar verdadera eficiencia en el sector público, pero por el otro se requiere de cuidar el uso de los recursos públicos, por parte de los objetivos políticos generales del gobierno y del sistema político.

Lecturas Recomendadas

Lynn, Lawrence E. Jr. 2004. “Reforma a la gestión pública: tendencias y perspectivas”. Teoría administrativa del Estado. Textos Universitarios en Ciencias Sociales. México: Oxford University Press.

Arellano Gault, David. 2004. “Gestión Pública: Fuentes analíticas, críticas pertinentes y advertencias sobre su uso”, en Omar Guerrero, Gerencia Pública: Una aproximación plural. México: FCPyS/UNAM.

jueves, 9 de enero de 2020

El nacimiento de un nuevo proyecto nacional. "Los herederos de la revolución y las nuevas figuras representativas.” (La institucionalización de un México “prometedor” y la construcción de nuevos mitos posrevolucionarios). [Segunda Parte]

México Posrevolucionario

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Reconstrucción Nacional

3. Una transición definitiva del caudillismo al populismo estructural; el inicio de una institucionalización, bajo una visión estadista. “Los primeros cimientos de la institucionalización del país bajo la máscara del Maximato.”

Inmediatamente, casi instantáneamente que Calles tuviera prácticamente todo el control sobre México olvidó su discurso en contra del caudillismo y la defensa de las instituciones. Tras haber embridado a la caballada revolucionaria y sin la sombra de Obregón, su figura se agigantó. Dentro del escenario político nacional no existía nadie por encima de él. Comenzaron a llamarlo el “Jefe Máximo de la Revolución” y le tomó gusto al nombre. Era el nuevo caudillo. Pero no era cualquier caudillo o más bien no era del todo un caudillo, “el asesinato del caudillo nacional implico la desaparición de los únicos principios de unidad y estabilidad conocidos en la tradición política, mexicana hasta ese momento.”[1] con esto también desapareció la figura encarnada por Obregón quien representaba claramente las características de los típicos caudillos teniendo una pauta de gran relevancia en la vida política del caudillo tradicional y del nuevo caudillo.

De esta manera también se habré una vinculación de gran repercusión con “el caudillaje local y el caciquismo están estrechamente ligados correlacionados y condicionados entre sí.[2] lo que hace de las figuras de Obregón y de Calles una transición muy importante y notoria en este asunto de concientización política de la transformación de la etapa de los caudillos a la de las instituciones; este cambio iba ligado en relación a toda una gama de características particulares que cada uno tenía, de tal modo que “Obregón podía menospreciar a calles como militar pero nunca como político; probablemente lo habría aplastado en el mismo terreno político de haberse dado un enfrentamiento entre ellos, pero en lugar de combatirlo lo hizo su mejor colaborador en la medida en que fue creciendo Obregón entre las masas.[3] de esta forma entre los dos se complementaban haciendo una figura inconmensurable y privilegios aparte de que cada uno veía un gran rival en el otro.

De esta manera la concepción del caudillismo viene de un fenómeno político y social, postrando una forma de dominar un país en la cual la fuerza primordial recaía en el caudillo, un líder carismático. Se trata de un hombre que gana la legitimidad política y el apoyo popular gracias a su magnetismo personal con el respaldo de la elite económica, de modo que adquiría un poder absoluto y lo ejercía hasta tal grado que parecía adueñarse del país. Que fue algo que sucedió con ambas figuras tanto como Obregón como a Calles, pero con características particularmente diferentes en la cuestión de la popularidad en donde pasa de ser un aspecto meramente físico y carismático a un aspecto más estructurado y sintetizado.

Retomando la idea caciquil tenemos que “los antiguos caciques han sido sustituidos por una diversidad de nuevos caciques que, por caminos generalmente paralelos a la estructura y practica políticas y con bases económicas directamente relacionadas con la explotación de sectores campesinos pauperizados aun forman parte del escenario nacional como, imponentes representantes políticos que ayudan a mantener las actuales formas de explotación, aun en contra  de la modernización  del aparato económico y del sistema político por el que pugnan algunos sectores de la burguesía estatal gobernante.[4] lo que nos da la imagen de la construcción de una transformación que se transmite en los aspectos políticos y el uso y el manejo de estos.

De esta forma podemos concebir que esta transición si bien no fue del todo perdida y aún sigue presente con cuenta con las mismas características que se tenían anteriormente y de esta manera si tuvo un gran el desarrollo de la vida política de México, en un cambio estructural más eficiente y estructurado que permitió que se llevase a cabo un innovador proyecto nacional.

La crisis política por la que atravesaba la familia revolucionaria, en el poder, se hizo más severa a raíz del asesinato de Obregón. Teniendo en cuenta que la reelección de Obregón había influido en circunstancias de conflicto, debido a las rivalidades existentes entre el caudillo y el líder morones, y por la manera violenta en que se eliminara a los otros dos principales aspirantes a la presidencia, que beneficiaba a morones y a los antirreeleccionista y, por supuesto, a Calles, quien fue el nuevo factor de lucha enconada entre los grupos que se disputaban el poder. Calles manifestó la idea de constituir un gran partido revolucionario que incorporara a los miembros de las diferentes facciones revolucionarios, destinadas a controlar la política general del país, pero reconociendo la autonomía de los partidos locales. La idea del partido como agente institucionalizador que había quedado esbozada solamente le faltaba que fuera aceptada por todos los hombres fuertes que constituían a la familia revolucionaria.

De esta forma “el partido oficial cumpliría tres importantes funciones; evitar la dispersión del grupo revolucionario; establecer un sistema pacifico de dirimir las luchas por el poder, y finalmente, dar alcances nacionales a la acción política para lograr las metas de la revolución, aunque estas no siempre estaban bien definidas.[5] Así pues sin más preámbulos Calles comenzó el desarrollo su obra institucionalizadora durante lo que se le denomino el Maximato, consiguió que fuera elegido Emilio portes Gil, un joven político que  no  había  ocupado  puesto  en  alguno  de  su  gabinete  y  podía  considerarse  como obregonista sin que fuera contrario al callizo estas características lo hacían un buen candidato para los planes de Calles, había sido gobernador en su natal en su natal Tamaulipas, había  desempeñado  un  gran  papel en la política.  La comisión de diputados que Eligio a portes Gil estableció que la presidencia interina se prolongara de primero de diciembre de 1928 al 5 de febrero de 1930, lapso en el que prepararía el proceso para la elección de un presidente.

La formación del partido fue visualizada por Calles de una manera concisa encaminada a la pretensión de centralizar la política mediante una maquinaria nacional que fuera controlada por una sola persona. La declaración de principios del PNR muestra también una clara congruencia con la filosofía de Calles. El PNR reforzaba los principios del artículo 3 constitucional y se proponía que la educación se encauzara hacia una vigorización del nacionalismo, el PNR proponía el fomento a la industria mexicana, proposición en concreto consistía en brindarle protección, crear bancos emprender campañas públicas para hacer crecer al consumo de artículos mexicanos.

Por aquellas fechas de la creación del PNR, Calles apenas comenzaba a ser el hombre fuerte. Si bien no contaba con un número de seguidores capaz de contrarrestar al poderoso grupo obregonista a la hora de buscar los candidatos para la presidencia constitucional.  Aarón Sáenz, un miembro de ese grupo y jefe después de la muerte del caudillo, era considerado en los medios políticos como el candidato idóneo, circunstancia que reconocía el presidente interino y el mismo calles. Pero no reunía las condiciones necesarias para continuar la obra callista, y mucho menos estaría dispuesto a permitir la injerencia del jefe máximo en su gobierno, Calles aconsejo a portes Gil que simulara aceptar la candidatura de Sáenz. Sáenz renuncio entonces a la gubernatura de nuevo loen y se dispuso a preparar su campaña de 1929.  

Mientras tanto porte Gil manda a llamar a pascual Ortiz rubio, un ingeniero en minas que había participado en la revolución a favor del carrancismo. Las razones que impulsaron a calles a escoger a Ortiz rubio para la presidencia parecen comprensibles, las circunstancias en las que llagaba Ortiz Rubio hacía difícil que poseyera fuerza política propia dentro del país, de manera que no tendría más remedio que aceptar los consejos del jefe máximo, a esta ventaja se agravaba el hecho que Ortiz era poseedor de una indiscutible honestidad, lo que hacía aún más conveniente esta intervención a favor de calles.

El gobierno de Portes Gil se caracterizó desde un principio por conflictos con organizaciones obreras que habían estado en contra de su designación como presidente interino. Los conflictos con la CROM y otras organizaciones sindicales (comunistas, socialistas, anarquistas y católicos) ocurrieron en el contexto de la recesión que, desde septiembre de 1929 avasalló a la economía de Estados Unidos, con la que la economía mexicana.

En lo político, Portes Gil permitió a Calles dar un paso fundamental hacia el Maximato, el ex presidente Plutarco Elías Calles había sido nombrado presidente del recién formado Partido Nacional Revolucionario PNR. Este cargo resultaría definitorio a la hora de consolidar su poder, pues le permitió de una vez por todas acabar con las aspiraciones de los obregonistas, convirtiéndose en el líder máximo de la política nacional.

El recién creado Partido Nacional Revolucionario PNR tomaba protesta a Pascual Ortiz Rubio como su candidato para las elecciones presidenciales de 1930. La elección de éste se dio en la más absoluta oscuridad en una encrucijada que tenía bien dibujada Calles. En realidad, su elección no tuvo otro motivo más que desarticular al obregonismo, representado por la candidatura de Aarón Sáenz y, sobre todo, aplastar la candidatura ciudadana de José Vasconcelos.

De  esta  manera,  Calles,  usando  todo  el  capital  político  del  partido  que controlaba,  así  como  el  aparato de  la  administración pública  federal,  encabezada por Portes  Gil,  inclinó  descaradamente  la  balanza  hacia  su  candidato,  asegurando  la presidencia  de  la  República,  a  pesar  de  lo  cual  es  importante  considerar  otro acontecimiento marcaría  la  presidencia  de  Portes Gil,  un  levantamiento  armado  que sería recordado como el último levantamiento gran levantamiento militar que consagraría el final de la etapa de los caudillos.

La dinámica propia del Maximato, en el que el ex presidente Plutarco Elías Calles, el autoproclamado "Jefe Máximo de la Revolución Mexicana", mantenía cuotas importantes de poder, hizo insostenible la presidencia de Ortiz Rubio, por lo que, al cabo de dos años, presentó su renuncia al cargo en 1932. Antes de irse y haciendo eco de la atmósfera de golpe de Estado que se respiraba afirmo: "Salgo con las manos limpias de sangre y dinero y prefiero irme y no quedarme aquí sostenido por las bayonetas del ejército mexicano".

Rodríguez ejerció la presidencia en calidad de sustituto del 4 de septiembre de 1932 hasta el 30 de noviembre de 1934, en calidad de Presidente Constitucional Interino de México. Durante su presidencia promulgó la reforma antireeleccionista a la Constitución, que evitaba la reelección inmediata de todos los cargos de elección popular, establecida a partir del 29 de abril de 1933. Reformó la Ley del Patrimonio Ejidal, creó el Banco Hipotecado y de Obras Públicas hoy Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos.

Otorgó, por decreto del 2 de mayo de 1933, el completo control de cambios al Banco de México. Desde junio de 1933, Calles había expresado la conveniencia de elaborar un minucioso programa de acción que debería aplicarse en el siguiente periodo presidencial.  El grupo cardenista logró que el Plan Sexenal se convirtiera en un programa de transformación, tendiente a reivindicar los principios de la Revolución, pero no de la vieja revolución sino de una nueva concepción de la revolución de Calles.

Calles había logrado controlar como un titiritero a estos tres presidentes y había extendido su presidencia a la sombra de estas figuras y había encaminado a México mediante reformas, a la institucionalización del estado, pero el panorama cambio de la noche a la mañana y varios factores disgregaron a la asociación del Maximato en primera instancia fue la crisis económica que altero a todo el orden social mundial y por si fuera poco el auge que venía obteniendo Lázaro cárdenas, complicaban aún más el desarrollo posterior de Calles en la presidencia de la república. De esta forma “el derribamiento final del dualismo político y la desaparición del Maximato no se van a dar por el choque de las personalidades y grupos, sino por la consolidación de nuevas fuerzas políticas, ahora si sociales, que había puestos en marcha los gobernadores en sus conflictos con el centro.[6]

De esta manera “Calles cumplió su promesa de no regresar a la presidencia de la república, pero el régimen del caudillaje continuo en forma por demás original. Calles mandaba por sobre el presidente, sin responsabilidad alguna exigible constitucional ni políticamente. Calles forzó el tiempo y el mismo alcanzo a ser protagonista y víctima del ultimo caudillaje cuando en 1936 a petición del presidente Cárdenas salió del país.[7] Visualizando claramente el fin de una era conocida como el Maximato.

Así se observó está importante transición en donde “los individuos somos intercambiables y sustituibles, afirmando que en México ha terminado junto con el caudillaje una sensación irracional acerca de los hombres predestinados.[8] abriendo con esto un nuevo contexto y nuevos mitos en la concepción política del régimen mexicano.

4. La conclusión de un proyecto innovador, una nueva institución regidora del mecanismo político mexicano, del Maximato al presidencialismo. “La centralización de un solo poder y el inicio de una etapa institucional.”

Dentro del contexto de la última etapa de la presidencia de Plutarco Elías Calles podemos concretar que ese último año fue también su primer año como dueño de México. A pesar de los presidentes Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez, las grandes decisiones, el ejercicio del poder real, y la última palabra en materia política provenía de la “sabiduría” del Jefe Máximo. Toda la clase política acudía a consultarlo. Su autoridad era indiscutible y nadie la puso en tela de juicio. Pero esto cambio de la noche a la mañana calles no logro mantener el poder más y termino cediendo hacia las nuevas generaciones que venía arraigando el nuevo sentido revolucionario de esta forma con Lázaro Cárdenas que no se sometió a los mandatos del jefe máximo y concentró el poder político en la figura presidencial.

Con la llegada de Lázaro Cárdenas a la presidencia en 1934, el poder del Jefe Máximo se vio paulatinamente disminuido. El general cárdenas movió las piezas de la política con mucho tacto, pero con maestría, en dos años arrebató posiciones al grupo callista. En 1936 Calles desapareció del escenario nacional. Luego de algunas críticas hacia las políticas del nuevo presidente, el Jefe Máximo dejó de serlo Cárdenas lo expulsó del país.

En mayo de 1935, Calles regresó a la ciudad de México, luego sostuvo una larga plática con Cárdenas, pero la situación política no cambió. El 12 de junio de 1935, Calles hizo declaraciones para exigir que se pusiera fin a la ola de huelgas y a la división del Congreso, ya que, en sus palabras, “por último interviene el ejército, como consecuencia, el choque armado y el desastre de la nación”.

En suma, Calles exigía devolver su influencia política y amenazaba a Cárdenas, en caso de no suprimir las divisiones del Congreso, en retirarle el poder como lo habría hecho Ortiz Rubio.  En respuesta, Calles solicita la renuncia de los miembros del gabinete con filiación callista. El 16 de junio Calles se lamentaba por sus palabras y declaró que se retiraba definitivamente de la vida política nacional. En el Zócalo de la capital los contingentes obreros manifestaron su apoyo a las decisiones de Cárdenas.

Lázaro Cárdenas durante su gobierno se caracterizó por el ascenso de las fuerzas revolucionarias. Se organizaron los movimientos obrero y campesino: Confederación Nacional Campesina (CNC) y Confederación y Trabajadores de México (CTM), como única organización obrera. Se constituyó la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), medida por la que los empleados públicos abandonan sus nexos con la CTM. Organizadas las fuerzas sociales, Cárdenas crea en 1938 el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) que queda estructurado con los sectores obreros, campesino, militar y popular burócratas, supeditados al Estado y al Poder Ejecutivo en particular que es una transición de gran relevancia en donde es solo se sustenta un cambio de paradigma dentro del partido que se convierte y se con sólida institución dentro del carácter político consolidándose como la nueva maquinaria política que si bien sufriría algunos cambios las bases establecidas y de las cueles se fundaba el partido siempre fueron las mismas.

De igual forma Cárdenas resolvió la crisis de autoridad expulsando en 1936 al "jefe máximo" de la nación, Plutarco Elías Calles, por conspiración contra el gobierno lo que concreto una transición más de suma importancia de la cual reforzó el presidencialismo y con la creación del nuevo partido diseñó las nuevas estructuras políticas y económicas que funcionarían sin mayores contingencias hasta finales de los años ochenta. El lema del PRM fue: por una democracia de trabajadores, y en la declaración de principios está la idea del proyecto de nación reconocimiento del derecho de huelga y apoyo a los obreros, colectivización de la agricultura, intervención del Estado en la economía nacional y en la educación; igualdad política social de la mujer, garantía de libertades para los indígenas, seguro social, control de precios, construcción de viviendas populares, la no intervención en los asuntos de otras naciones, el derecho a la autodeterminación de los pueblos y el combate a cualquier forma de opresión y el fascismo en un cambio estructura encaminado al ámbito social pero sin descuidar la importante transición hacia las instituciones. Pero, “dentro de los regímenes dictatoriales post revolucionarios se deben destacar aquellos propios del presidencialismo. 

El presidencialismo se define como la hegemonía que logra el poder ejecutivo sobre el legislativo cuando este último, en cuanto su composición, contiene una mayoría de diputados alineados al partido que en su momento sea el oficial.[10] Con respecto a la Iglesia, Cárdenas mantuvo una política de conciliación, pero la alejó sin perseguirla, mediante la educación socialista. Puso en marcha La Reforma Agraria a través de repartos masivos de tierra a los campesinos. Por el Nuevo Código Agrario 1940 se autorizó el establecimiento de ejidos ganaderos y forestales. En 1937 nacionalizó los Ferrocarriles Nacionales y en 1938 se expropiaron los trenes de las compañías petroleras extranjeras. “El periodo cardenista es esencial para comprender el ascenso industrial y urbano del país ante el modernismo. Con Lázaro Cárdenas se establecen las bases del control de los trabajadores del país, así como el sustento de las políticas del Estado de bienestar en materia de asistencia, previsión y seguridad social.”[11] 

Durante su administración se crearon la Comisión Federal de Electricidad, los departamentos de Turismo, de Prensa y Publicidad, la Secretaría de Asistencia Pública 1938, el Departamento Autónomo de Asistencia Infantil 1937; los bancos de Crédito Ejidal y Nacional Obrero de Fomento Industrial, así como el Tribunal Fiscal de la Federación realizando así la consagración el proyecto institucionalización que reforzaría a la sociedad, una sociedad que aun resentía el gran embate que había sufrido después de la revolución. Conclusiones:La revolución mexicana debilito grandemente a la burguesía mexicana, la cual no cuenta con la fuerza necesaria para echar andar la maquinaria del desarrollo económico del país. Ante este vacío, el Estado viene a suplir la labor que originalmente debe ser empresa de la burguesía mexicana, y con ello, la clase media arriba al poder y a la dirección de la economía nacional como efecto inminente de la revolución mexicana.

Con esto se dio un paso a nuevos sistemas políticos de gobierno, con los que se pretendía que el pueblo se sometiera ante el gobierno, pero de forma en que parecieran que esto era una democracia. Estos sistemas fueron el presidencialismo, unipartidismo y corporativismo. Pero con estos cambios, las consecuencias fueron catastróficas, ya que, con el nuevo gobierno, se pretendía que la iglesia perdiera todo el poder e influencia que tenía dentro de la política, esto ocasiono que la iglesia incitara al pueblo a levantarse en armas en contra del gobierno, con esto se dio comienzo a la guerra cristera.

Así mismo La modernidad urbana   fue un movimiento que dio paso al avance tecnológico de los aparatos domésticos, medios de trasporte y medios de comunicación en el país, con esto las grandes empresas comenzaron vender productos que ayudarían a la modernización del país.                

De esta forma el proceso de institucionalización de la revolución conllevó, contrariando las ideas de Zapata, la utilización del sistema de propiedad de las tierras, por parte de la nueva clase de poder, como un instrumento para afirmar la propiedad privada agraria en México, dentro del marco del sistema capitalista. El régimen post revolucionario enfrenta problemas ya no de tipo solo estructural sino de organización social. La existencia de caudillos, la presencia y pertenencia a extranjeros de sectores industriales claves para el desarrollo autónomo e independiente nacionales son un lastre que debe abatirse. La implementación de un solo partido como un único planteamiento de oferta política, como proyecto de nación, parte del corporativismo estatal, la impostura partidista y la postura ciega a un desarrollo endógeno y autónomo cuyo sustento o baluarte es la revolución mexicana.

Sin embargo, el régimen de gobierno post revolucionario se da a la tarea de organizar socialmente el trabajo y la producción. La cuestión no es fácil, por existe y persiste caciquismo. Así que, de alguna, manera el corporativismo estatal y las nacionalizaciones de industrias extranjeras, que controlan la producción en áreas que son estratégicas para la economía, son un fundamento clave para arrancar un proyecto de industrialización clave en el arribo al modernismo.

Lo que nos hace reflexionar sobre esta estaba de la historia de la institucionalización de México está plagada de múltiples momentos clave que nos adentran a distintas transiciones con la intención de encaminar a México a un país moderno que si bien traiciono las principales demandas de la revolución su efectividad se concretó y este régimen perdura largamente sin importar a temporalidad y circunstancias convirtiéndose en un partido en constante cambio que logro llevar a México a su más grande esplendor a nivel mundial y en el cual aun después de casi 100 años todavía nos sustentamos de un modelo político que pareciera perdurar para siempre en la política mexicana.

Calles no había logrado llevar al limite Cárdenas asumió la presidencia el 1 de diciembre de 1934. Calles tenía la idea de disponer del gobierno de Cárdenas tal y como lo había hecho en el pasado, pero lo que sucedió fue que Calles comenzó a perder poder y autoridad.  Al partir el 11 de diciembre de 1934, Calles se confortaba con saber que había impuesto en el gabinete de Cárdenas a tres callistas y que además había logrado que sus hijos Plutarco y Alfredo, fueran convertidos en gobernadores de Nuevo León y Tamaulipas respectivamente; y que a su yerno Fernando Torreblanca Contreras se le nombrara subsecretario de Relaciones Exteriores.

“Lázaro Cárdenas reflejo permanentemente, desde un principio, su deseo a crear su propia base de poder político a nivel nacional intentando captarse el apoyo de los campesinos y de los obreros.[9] de este modo el gobierno de Cárdenas se consolido rápidamente y pauto ideas claras que quería reflejar en la consagración del proyecto que Calles había apuntalado desde años anteriores. El 13 de diciembre de 1935 Calles regresó a la ciudad de México para defender al callismo de los ataques que estaba sufriendo; los periódicos que lo habían adulado en el pasado, se negaron a publicar sus declaraciones. Su arribo originó diversas protestas y la separación de algunos gobernadores, senadores y diputados de sus cargos.

En este cambio ocurrieron diferentes sucesos que marcarían la historia de México por completo. En este proceso se comenzó con la ideal de pertenencia, el sentimiento de creer que el país eran todo el pueblo, comenzaba el nacionalismo, un nacionalismo en el que la gente se identificaba, con él se pretendía que las personas creyeran que pertenecían al país, que, sin el pueblo, el país no era nada. Este proceso fue el que marcó el inicio de México como nación “independiente y democrática”.



[1] Medin, Tzvi, Ibíd. p.29
[2] Entrena Duran, Francisco, México del caudillismo al populismo estructural, Edi. Escuela de estudios hispano americanos, España, p. 31
[3] Córdova, Arnaldo, la ideología de la revolución mexicana, (la formación de un nuevo régimen), Edi. Era, México, p. 308
[4] Bartra Roger, Borge Eckart, caciquismo y poder político en el México rural, Edi. Siglo veintiuno, México, 1978, p. 7
[5] Gallo t, Miguel Ángel, Ibíd. p. 56
[6] Medina Peña, Op. cit., p. 77
[7] León de Palacios, Ana Ma. Op. Cit., p. 143
[8] Excélsior. Mejores instituciones; los hombres somos sustituibles, jueves 22 de mayo de 1975. p.1. 11
[9] Medin, Tzvi, Ibíd. p.145
[10] Meyer, Jean (1971) “El fenómeno del presidencialismo”. En Historia mexicana. Vol. XXI. Núm. 1. México. Pp. 38.
[11] Anguiano, Arturo (1975) “Cárdenas: ideología y política”. En El estado y la política obrera del cardenismo. ERA. México. Pp. 75